Historia de las prendas de vestir

HISTORIA DE LA ROPA: COMPLEMENTOS

Iremos completando esta sección con más historias y curiosidades.

| Abanico| Bastón | Bolso | Botón | Cintas |Corbata | Cremallera | |Espejo |Gafas | Guantes | Joyas de hombre | Pañuelo de cabeza | |Paraguas | |Perfumes | Reloj | Solapas | Sombrero | Velcro | Zapatos |

El Abanico

El abanico fue usado por las civilizaciones antiguas: Egipto, Etruria, China ...

Mientras que en Egipto era de grandes dimensiones, realizado en plumas y movidos por esclavos, en China eran también ampliamente usados, pero como pequeño objeto personal. Además de para refrescarse, servía como adorno elegante.

Hacia el siglo séptimo, los japoneses inventaron el abanico plegable que se difundió posteriormente por Europa arraigando en España, desde donde pasa a América.

En los textos costumbristas españoles del XIX aparece lo que se llama el "lenguaje del abanico": si la mujer escondía sus ojos tras el abanico, decía a su interlocutor que le amaba; si lo colocaba sobre la mejilla izquierda, significaba "no", mientras que en la derecha era "sí"; si se abanicaba con rapidez significaba que la mujer estaba comprometida y si lo hacía lentamente, que estaba casada.

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El Bastón

Se dice que quien lanzó la moda del bastón fue el cardenal Richelieu, primer ministro francés del segundo cuarto del XVII. Los cortesanos quedaron fascinados del andar lento, solemne, al que lo obligaba el largo bastón recto, con el brazo tendido hacia delante. Era un bastón alto, que se empuñaba a la atura de tres cuartos aproximadamente, y que se llevaba como elemento decorativo. De todos modos, vistos los enormes tacones y las puntas de los zapatos de la época, también servían de apoyo. Las mujeres no despreciaban el nuevo complemento pero, para distinguirlos de los masculinos, los adornaban con la abundancia típica del Barroco.

Pero cuando los bastones comienzan a usarse masivamente, es en el momento en el que las espadas caen en desuso. Los hombres sustituyen éstas por los bastones.

El bastón se llevaba en la mano izquierda, el lado donde los aristócratas portaban la espada antes de la Revolución Francesa. Un caballero ofrece a una dama el brazo derecho porque hubo un tiempo en que en su cadera izquierda había una espada; un abrigo de hombre se abrocha a la izquierda, de forma que un duelista pueda desabotonárselo con la mano zurda, la que no está armada.

A mediados del XIX, un fabricante ofrecía 500 tipos diferentes. Al igual que la corbata, el bastón era un medio para diferenciarse de los otros, para adquirir una nota personal.

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El Bolso

En la antigüedad, desde los romanos hasta las cruzadas, el boso más usado, tanto por hombres como por mujeres, era la bolsa monedero, que se cerraba con un cordón.

En el siglo XVI, las mujeres ocultaban sus objetos en los pliegues de la falda, o en las mangas, pero en el XVII aparecieron los bolsillos, que no se cosían al vestido, sino que se ataban a la cadera

En París, en 1790, la moda del estilo Imperio, que no permitía estos bolsillos, hizo aparecer el bolso. En realidad lo que se hizo fue ponerle correa al bolsillo.

Estos primeros bolsillos exteriores se llamaron “retículos”, del latín reticulum, pero la prensa francesa que criticaba que una prenda interior se convirtiera en exterior, los rebautizó como “ridículos”. Hacia 1805 no había ya mujer que no saliera de casa sin su bolso.

Lo que conocemos como bolso clásico, empezó con el caballo y el barco de vapor: Louis Vuitton hacía baúles de viaje para Napoléon III, y la casa Hermés se encargaba de las sillas de montar de los aristócratas.

Las épocas de crisis, como las guerras, hacen que el bolso crezca, mientras que se reducen durante las épocas de bonanza.

Tras la II Guerra Mundial, cuando la mujer se incorporó decididamente al mundo laboral, se puso de moda el bolso de bandolera, que dejaba las manos libres.

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El Botón

Hasta que en 1350 los cruzados lo trajeron a Europa, para atar la ropa sólo existían los corchetes, que usaban los ricos, y los nudos o los ganchos que usaban los más pobres.

Un de los primeros usos que se le dio al botón fue el de fijar las estrechas mangas de las mujeres, (de clase alta), que hasta entonces necesitaban de ayuda para cosérselas diariamente. El hecho provocó críticas, ya que la novedad permitía a las mujeres desnudarse rápidamente.

En la corte de Fernando III el Santo, y en la de su primo San Luis, rey de Francia, el botón adquirió una enorme importancia. Al lujo del vestido se unió el de las joyas y alhajas, entre las que se contaba el botón, que sustituyó al broche. En el siglo XV, en la corte de Enrique IV de Castilla, el botón amplió su ámbito de uso, usándose para decorar las mangas y hombreras y sustituyendo, poco a poco, a las pasamanerías. Es ahora cuando realmente se convierte en un objeto de deseo, llegando a finales de la Edad Media, a ser distintivo de clase social, de nobleza y buen gusto.

En 1520, Francisco I de Francia asistió a un encuentro con Enrique VII de Inglaterra con un vestido de terciopelo negro al que se habían cosido más de 13.000 botones. El propio Enrique VII se enorgullecía de sus valiosos botones, que llevaban los mismos dibujos que sus anillos.

Como también sucedió con los alfileres, el botón se convirtió en objeto de especulación. Hubo acaparadores que los sacaban al mercado de nuevo cuando éste se hallaba desabastecido. Y, lo smismo que había sucedido con los alfileres, también con los botones se arruinaron muchos. Sobre todo, cuando empezó a ser un elemento más funcional que ornamental, cosa que sucedió en Inglaterra hacia 1750.

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Las cintas

Cuesta trabajo imaginar el importante papel que las cintas han desempeñado en el vestido desde el siglo XV hasta comienzos del nuestro.

Mazarino, ministro de Luis XIV de Francia, intentó reconducir las finanzas restringiendo el consumo superfluo. Prohibió, entre otras cosas, los bordados de oro y plata de los trajes de los que no pertenecieran a la familia real o a los “grandes”. Entonces, los cortesano y sus imitadores burgueses se desquitaron con las cintas, hasta el punto de que su empleo se convirtió en una verdadera locura

Por ejemplo, para resaltar la blancura de la piel, las damas elegantes se anudaban alrededor del cuello una cinta de terciopelo negro realzada con una rosa. Después de la Revolución, estas mismas cintas se llevaban de satén rojo, “a la guillotina”.

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La Corbata

El orígen de la corbata es antiguo. Incluso entre los romanos se encuentran indicios de algo que recuerda a la corbata. El más ilustre de ellos, Augusto, que era enfermizo y friolero, usaba en privado su focale, para protegerse la garganta.

Caída en desuso, reaparece hacia 1660 con los regimientos de soldados croatas, cuyas croatas impresionaron en la fastuosa corte de Luis XIV, comenzando así la historia de la corbata moderna.

Pero, la hoy clásica corbata fue, en su día, una extravagancia. Y, así, en Francia, en el siglo XVII, el reglamento disciplinario del colegio calvinista de Puylaurens, en el Languedoc, advertía sobre el comportamiento que debían tener los estudiantes, e indicaba: "Los estudiantes de teología serán modestos en su indumentaria , y no llevarán ni corbatas, ni cañas o bastones, ni otras cosas contrarias a la modestia".

La actual versión de la corbata, estrecha y colocada debajo del cuello de la camisa, se desarrolló hacia finales del siglo XIX, pues en los dos siglos anteriores ésta consistía en una amplia tira drapeada o plegada sobre el pecho y anudada según modalidades diversas.

En la actualidad existe cierta tendencia al regreso de las joyas masculinas, pero un verdadero señor dificilmente se deja engañar; puesto que sabe que las joyas permitidas al hombre son muy pocas: aparte del reloj y la alianza, los gemelos y el alfiler de corbata componen la relación. El pasador de pinza se prende en el borde de la camisa, más o menos a la altura del cuarto botón desde arriba, de forma que quede escondido cuando la chaqueta se abotona.

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Espejo

En épocas remotas, los espejos eran chapas convexas realizadas en plata o cobre mezclado con estaño, pero duraban poco y se volvían oscuros y opacos por el efecto del aire.

Hacia 1507, los primeros espejos de vidrio fueron inventados en Murano. Pese a su alto precio, despertaron enorme interés.

Durante muchos años, los venecianos guardaron celosamente el secreto de su fabricación, amenazando con pena de muerte a quien lo revelara a un extranjero.

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La Cremallera

La cremallera, que no tiene ningún precedente antiguo, y no se ideó para competir con los botones, sino que se originó como dispositivo para cerrar las botas altas, sustituyendo los largos cordones del finales del XIX.

El primer modelo, todavía muy rudimientario, lo patentó el 29 de agosto de 1893 Whitecomb Judson, un mecánico de Chicago.

Uno de sus primeros pedidos fue para cerrar veinte sacas del Servicio de Correos de los Estados Unidos, pero los atascos eran tran frecuentes que fueron retiradas.

Tras el fallecimiento de Judson en 1909, el ingeniero sueco-americano Gideon Sundback, perfeccionó el invento, fabricando, en 1913, un instrumento más ligero y fiable, cuyos primeros pedidos fueron para las tropas de los Estados Unidos en la I Guerra Mundial.

En 1920 empezaron a usarse enlas ropas de paisano, aunque todavía no restultaba muy prácticas: la piezas metálicas solían oxidarse y, por lo tanto, había que descoser la cremallera antes de lavar la prenda, y volver a coserla después.

En 1923, la B.F. Goodrich Company presentó unas botas de goma con cremallera y al propio Goodrich se le atribuye la invención del nombre onomatopéyico “zipper”, basado en el ruido de la cremallera al cerrarse.

En 1935 la diseñadora Elsa Schiaparelli presentó una colección con cremalleras de todos los tamaños, algunas de las cuales eran meramente decorativas. Fue la consagración definitiva de la pieza.

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Gafas

Los antiguos utilizaban globos de vidrio llenos de agua para ver más grandes las letras y los objetos y, según Marco Polo, las gafas, se usaban en China, en la corte de Kublai Khan. En Europa, los primeros anteojos fueron realizados, hacia 1250. Se hacían puliendo los vidrios para darles curvatura.

Hay diferentes opiniones sobre quién fue su inventor. Unos creen que fue, en 1285, el florentino Silvino Degli Armati, en cuya tumba, de 1317, dice: “Aquí yace Silvino Degli Armati, de Florencia, inventor de los anteojos. Que Dios le perdone sus pecados. Año MCCCXVII” . Otros opinan que el inventor fue el filósofo y científico inglés Roger Bacon (1214-1294).

Las gafas de sol se inventaron a finales del XIX, pero la moda de las lentes oscuras no se afirmó hasta la década de 1930, al mismo tiempo que desaparecían de la moda femenina los sombrros de ala ancha, que también quitaban el sol.

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Guantes

La evolución de los guantes se debió a la necesidad de proteger las manos contra el frío y los efectos del duro trabajo manual. En el norte de Europa, hallamos los “guantes de bolsa”, fundas de piel animal que llegan hasta el codo, de unos diez mil años como mínimo. Los mitones, aparecen también por la misma época.

Los primeros pueblos que habitaron las tierras cálidas lindantes con el Mediterráneo utilizaron guantes para la construcción y las labores agrícolas. Hacia el 1.500 a.C., los egipcios fueron los primeros en hacer de los guantes un accesorio decorativo. En la tumba de Tutankhamon, se hallaron un par de guantes de suave tela de lino envueltos en varias capas de tela, así como un solo guante tejido con hilos de varios colores. La separación entre el pulgar y los demás dedos no dejan duda de que hace al menos 3.500 años ya se usaban guantes con toda la forma de la mano.

En la Edad Media formaron parte casi exclusivamente del atuendo masculino caballeresco y, hasta el siglo XV, sólo los hombres de la nobleza los usaban, como símbolo de pertenencia a una clase social. Hasta el siglo XVI no se convirtieron en prenda de uso femenino, por iniciativa de Catalina de Médicis, reina de Francia

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Las joyas de los Hombres

La norma general es que el hombre debe llevar pocas joyas y muy simples. Las más usuales, además de la alianza de matrimonio, son: la aguja del cuello de la camisa, el alfiler de corbata, los gemelos, el reloj, la hebilla del cinturón, y las condecoraciones e insignias.

El alfiler de corbata tiene su origen en la aguja o imperdible que se llevaba en el siglo XVIII para mantener en su sitio la voluminosa lazada de muselina o encaje que estaba de moda. Es una buena solución para que la corbata no se mueva, sobre todo si es de seda fina. Las corbatas de tejido grueso es mejor llevarlas caídas y sin ninguna sujeción.

Los gemelos son imprescindibles cuando se llevan puños dobles.

Las hebillas de cinturón más bonitas son las más discretas, sobre todo en trajes formales.

Las condecoraciones únicamente se ponen con uniformes o con chaqué. Van en la solapa izquierda, en fila y de arriba abajo según su importancia.

Las insignias indican la pertenencia a algún club o asociación. Suelen ser de oro, a veces con piedras preciosas. Su uso es correcto siempre que sean discretas.

El reloj tiene tratamiento aparte en esta misma página.

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Pañuelo de cabeza

Durante el siglo XV los marinos franceses volvía, a veces, de Oriente, con grandes cuadrados de tela de lino que usaban los campesinos chinos para protegerse del sol. Las francesas, impresionadas por la calidad de la tela, los adoptaron, dándoles el nombre de "couvrechevet".

El pañuelo pasó de Francia a Inglaterra, y su nombre evolucionó a "kerchief" y, más tarde, debido a que se llevaban en la mano hasta el momento de usarlos, a "handkerchief"

Puesto que las europeas ya usaban sombreros para solucionar la necesidad de protegerse del sol, el pañuelo fue, desde el principio, un capricho de la moda. Esto resulta evidente en numerosos grabados y pnturas, en las que los pañuelos, exquisitamente adornados, tan sólo se usan para despedirse o para dejarse caer disimuladamente.

En el siglo XVI, los pañuelos de seda, decorados con hilos de plata y oro, llegaron a ser tan caros que, a menudo, se incluían en los testamenteos como objetos de gran valor.

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El Paraguas

Aunque parece que los conquistadores españoles lo vieron en México usado por los nobles aztecas, se considera un invento chino, que también se usó en Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma.

En la Europa moderna, el0 paraguas no aparece hasta el siglo XVIII y, al principio, era un signo de poca distinción que caracterizaba a los que no disponíendo de carruaje debían protegerse cuando llovía.

Tas los disturbios parisinos de 1830, se convirtieron en un símbolo político de carácter populista.

En inglaterra lo popularizó un excéntrico personaje de la pequeña nobleza, Jonas Hanway, que lo había conocido en Rusia y que se dedicó a pasearlo por todas partes ajeno a los insultos, sobre todo de los cocheros, que veían en el paraguas una amenaza.

Al principio tuvo escaso éxito, debido a que su varillas de caña rígida hacían que tuviera que estar permanentemente abierto, pero en 1805 Jean Marius inventó el paraguas plegable, alcanzando gran éxito. Tanto que, en Inglaterra, el duque de Wellington tuvo que prohibir en 1818 a sus oficiales que lo llevaran a la guerra.

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Los perfumes

Ya en las tumbas egipcias se han hallado jarrones con ungüentos perfumados. A partir de la mitad del siglo I a.C., los romanos usaron algunos cosméticos como el kohl, la tiza o el colorete. El término “perfume” tiene precisamente su origen en el latín “per fumo”, es decir, “por el humo” ya que muchas sustancias odoríferas se propagaban quemándolas. En Europa la cosmética se generalizó en la Edad Media, traída desde oriente por los cruzados.

Las principales materias primas para lograr las esencias son:

•  animales (almizcle, algalia, ámbar gris y castóreo).

•  vegetales (hojas de salvia, tomillo y menta, corteza de canela, cáscara de naranja, madera de cedro y sándalo, raíces de lirio, petalos de rosa, violeta y otras flores, y gomas resinosas segregadas por el alcanfor y la mirra).

La extracción de los perfumes naturales se hace por destilación, extracción y exprimido

Existen cinco tipos de perfumes:

1.  Florales frescos: realzados por notas florales como la del lirio (nº 19 de Chanel, Anaïs Anaïs)

2.  Florales florales: corazón de la perfumería, que contienen flores naturales, rosas o flores blanca (Joy de Patou, Contradictions de Calvin Kelin).

3. Florales aldehidos: que contienen un componente sintético que realza ciertas notas florales (Nº 5 de Chanel, Arpège de Lanvin)

4.  Florales suaves: fabricados a partir de flores espirituosas enfatizadas por un punto de vainilla (Poison de Dior, Noa de Cacharel).

5.  Chipres: Son en realidad aldehidos grasos. Contienen bergamota, y se divididen en tres familias:

5.1.  Chipres afrutados, con notas de frutos amarillos (Mitsouko de Gerlain, Femme de Rochas).

5.2.  Chipres chipres: que asocian la rosa con notas de madera (Miss Dior, Vol de Nuit de Gerlain).

5.3.  Chipres frescos: aliñados con notas verdes (Eau de Rochas, Ô de Lancôme)

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El Reloj

En el siglo XVI, cuando la fabricación de relojes estaba a cargo de los cerrajeros, aparece el reloj de colgar, al parecer, obra de un cerrajero alemán que redujo la maquinaria hasta poder meterla en una cajita de píldoras, a la que le puso una tapa de cristal. Estos relojes se llevaban colgados de una cadena o cordón.

Los primeros relojes de muñeca se fabricaron hacia 1890. Al principio no tuvieron éxito porque se consideraban pulseras, propios de mujeres, pero durante la I Guerra Mundial, los adoptaron los oficiales, porque era más fáciles de consultar, y desaparecieron las connotaciones femeninas.

Hacia 1930 se hacen sumergibles, en 1969 se hizo un reloj para ir a la luna, el Speedmaster, diseñado por Claude Baillodin y rigurosamente probado por la Nasa.

El reloj electrónico digital preciso y de fácil lectura apareció en la década de 1960

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Las Solapas

El origen de las solapas de la chaqueta está en las altas túnicas militares de cuello alto. Para ir más cómodos, los soldados desabrochaban los botones de arriba y abrían el cuello.

Cuando su uso pasó al traje civil, los sastres mantuvieron la muesca que marcaba el inicio del cuello originario y el ojal en el lugar en el que la túnica cerraba el cuello.

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El Sombrero

Fue en Grecia, hacia el siglo V antes de Cristo, donde empezó a usarse el sombrero (petasos ). Era una prendade fieltro, con ala muy ancha, que servía para librarse tanto del sol como de la lluvia. Cuando no se llevaba puesto, se colgaba a la espalda, sujeto con un cordón. Etruscos y romanos lo copiaron, haciendo de él una prenda popular en la ribera del Mediterráneo.

Hacia 1850, en las tiendas de las galerías de Orléans, de París, comenzaron a exhibirse sombreros femeninos, con gran escándalo de los cronistas de la época escandalizados no por los sombreros en sí, que ya existían, sino por la forma de venderlos. Afirmaban que venderlos así era colocar las prendas de mujer a la misma altura que los jamones y las salchichas.

Aunque desde el fin de la II Guerra Mundial se puso de moda llevar la cabeza descubierta, durante los mil años anteriores la cabeza se llevaba cubierta. Hace un siglo, el tipo de sombrero venía determinado por la posición social del que lo llevaba.

El primer sombrero de copa lo usó su inventor, el inglés John Etherington, propietario de una lujosa mercería del Strand, el quince de enero de 1797. El “Times” de Londres comunicó que el sombrero de Etherington, negro y alto como una chimenea, atrajo a una multitud tan numerosa que se produjo un tumulto, al ser empujado un hombre contra el escaparate de una tienda, que resultó roto, Etherington fue arrestado por alterar el orden. Sin embargo, al cabo de un mes ya no podía cumplimentar los encargos de sombreros de copa que recibía.

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El Velcro

El Velcro fue el resultado de intentar crear artificialmente algo parecido a los pequeños cardos en forma de bola y con puntas parecidas a anzuelos, que produce una planta llamada cardencha. Son las bolitas que solemos encontrar en nuestras ropas cuando salimos al campo.

Durante una excursión, en 1948, el montañero suizo George de Mestral, fijándose en los que se adheráin a sus medias, pensó que tal vez fuera posible producirlas artificialmente para competir con las cremalleras.

Los expertos textiles se mostraron escépticos. Ssólo un tejedor de Lyon le siguió, y consiguió producir dos tiras de algodón, una con ganchos diminutos y otra con ojales aún más pequeños, que, al apretarlas una contra otra, conseguían adherirse sólidamente entre sí y que se separaban al tirar de ellas.

Como el algodón se desgastaba enseguida, se sustituyó por el nailon.

A mediados de la década de 1950, el invento se registró como Velcro, de Velours (terciopelo) y Crochet (ganchillo). A finales de esa década, los telares fabricaban ya sesenta millones de metros de Velcro al año.

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Zapatos

Parece ser que fueron los nobles franceses, los primeros que adoptaron los zapatos en el siglo IX.

En 1305, el monarca británico Eduardo I decretó la medida oficial de la pulgada: tres espigas secas puestas una a continuación de otra. Los zapateros británicos comenzaron a aplicar estas medidas: un zapato de niño que midiera trece espigas pasó a ser considerado del número 13.

En aquella époc se puso de moda un zapato estrecho, con la punta muy larga, que llegó a alcanzar los cincuenta centímetros. Carlos VIII los prohibió, no porque le parecieran contrarios al sentido común, sino porque la deformidad de sus pies le hacía precisar zapatos mas anchos, por lo que todos debieron adaptarse.

Siguiendo los vaivenes de la moda, este zapato absurdamente largo y puntiagudo fue sustituido por otro cortísimo y de una anchura casi cómica.

Ya en imperio romano se distinguí entre el zapato izquierdo y el derecho. Sin embargo, esta diferenciación se perdió y los zapatos de ambos pies fueron idénticos durante largo tiempo, hasta que en el siglo XIV algunos zapateros ingleses volvieron a diferenciarlos. Sin embargo, no fue hasta 1880, con la fabricación en serie, cuando la esta práctica se impuso definitivamente.

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